lunes, 7 de diciembre de 2009

PAPELES INESPERADOS



Esta historia comienza cuando un hombre vestido de gris se sienta en el Pont Neuf a contemplar el amplio cielo, que ante su mirada se abre dejando caer lentamente, papeles inesperados...
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A veces la lejanía de las cosas hace crecer en mí la necesidad de rozar el teclado inerte y desgastado por el paso del tiempo y de mi mano. Es como si una voz interior me sacudiera de cuerpo y alma para arrancar la belleza de las palabras escondidas, estampadas tímidamente en algún rincón de mi imaginario cofre interior.

Entonces ellas aparecen agolpándose unas a otras, tejiendo un sin fin de momentos inacabados, fragmentos de días claros sucediendo como una brisa de mar que cambia los rostros de quienes están dispuestos a sentir.
Me llegan todo tipo de imágenes, brotando por los poros cansados de generar tantas vidas en un instante. Sin embargo hay un gesto, una expresión en particular que se sobrepone a este mar de rostros…

Vestido de gris como intentando combinar con un otoño Parisino se deja llevar por sus largas piernas y su mirada de cronopio juguetón. Recorre el Pont Neuf de principio a fin y se entrega a él dejándose caer en uno de sus bancos. Tan solo contempla el cielo con sus ojitos pequeños y profundos. Roza una mano sobre la otra, acariciándose lenta y pausadamente. Sonríe tímidamente creando una atmósfera cálida a su alrededor.

Dicen que se llama Julio, vivió 35 años en París sin dejar de sentirse más cerca de Buenos Aires que de la tierra que día a día pisaban sus enormes pies… Supo crearse una vida a su justa medida, de juegos, palabras, papeles desordenados, discos de jazz, aperitivos y una gran nube de humo que le impedía ver con suficiente claridad el contorno del día. Era un bohemio que amaba ver pasar las horas sentado en un bar garabateando historias de cronopios y de famas mientras recibía a sus amigos con una copa en la mano y un cigarro en el cenicero… Su vida de cuentos ingeniosos e inauditos hacía de él una persona diferente, increíblemente atractiva e inverosímil.

A veces tengo la sensación de que el tiempo no transcurre en algunos aspectos, que veinticinco años de su desaparición no son nada ante la enorme y bella obra que nos ha entregado. Miro el Pont Neuf y aun lo veo sentado mirando el cielo, conectando con la clara luminosidad de lo creativo. Entonces llueven folios escritos por él de diversos estilos, formas y colores. Garabatos estilizados llegan desde esa conexión y yo simplemente me inspiro a jugar un rato con las palabras, a confiar en sus recorridos dejándome fluir en cada trazo. Me dejo contagiar por la magia de lo inesperado. Navego sin rumbo por el océano de mi vida inventando historias celestes que reflejen de algún modo la fabulosa fantasía de vivir sin miedo, sin límites, sin tiempo…



Esta historia termina cuando el torbellino de palabras deja de danzar en mi cuerpo. Cuando la imagen de Cortazar sentado en el Pont Neuf se desdibuja ante mis ojos y se esfuma entre el sin fin de palabras que lo arropan y lo llevan a otra dimensión. Cuando mis dedos se aquietan y se reservan la oportunidad de revivir la bella sensación de danzar entre las teclas…

moniJi :)

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