sábado, 12 de diciembre de 2009

COLORES INVENTADOS

Volver a escribir por escribir…

Volver a plasmar letras dibujadas, coloreadas en el papel que espera siempre un trazo nuevo…

Estar,
observar,
no hacer…


el deseo de que las palabras fluyan libres a través de mis sentidos,
sentarme a contemplar como vuelan creando su propio recorrido…



Sentir como nacen del centro de mi y se expanden sin más por el espacio ilimitado del universo,
recorren tiempos,
lugares,
personas…

se esconden tras un limón y juegan a navegar por el intenso mar rojo creando destellos luminosos que se reflejan en el círculo polar ártico…

Vivimos en un no tiempo ficticio que huele a caramelo, vivimos este no tiempo arrítmico y ralentizado que nos lleva a dosificar los instantes de destellos incontrolados.

En cuanto doy vuelta a la esquina me olvido del no tiempo, releo sin cesar lo que no entiendo una y mil veces, intento adueñarme del no significado altamente incomprensible y negado para mí.

Nada de lo que diga es lo que realmente siento,
nada de lo que exprese podrá develar lo más profundo de mi ser,
sólo el silencio desnudará sin remedio mi persona y desde ahí la comunión con el universo será inmensa e interminable.

Nadie sabe en qué momento el ala derecha puede desprenderse totalmente de su cuerpo…

nadie imagina cuanto tiempo puede resonar el canto de un pájaro entregado a lo más profundo de su sentir…

nadie se interesa por abrir los sentidos e indagar cómo aquel insecto deja de generar estímulos imperceptibles a nuestra vibración.

La tierra sigue su ciclo, la naturaleza toda se adapta al tiempo en el que vive, está presente….

Mi momento,
mi tiempo este en el que cada letra se plasma en la hoja en blanco generando un sentido,
un ritmo,
momento literario que solo puede ser impregnado de una energía del estar presente.

Cada palpitar dispara un trazo, que se expande enlazándose con otros que llegan al momento siguiente, de ese modo se crea un entramado continuo y constante de palabras que contienen a otras y a su vez todas son parte de algo mayor que les da vida…

Dosificadamente, fluyendo sobre el raudo intento de sobrevolar esta historia de colores inventados. Visualizando a lo lejos sendos caminos abiertos, claros y acogedores.

Hacia la nada encamino mi vida,
nada que me habita con tanto amor que inunda toda realidad factible de ser vivida,
sentida,
experimentada….

La búsqueda se genera justo en este preciso instante en que la nombro, en que la hago conciente de sí misma, de estar convencida de ser y estar en el momento indicado para mí.

moniJi :)

lunes, 7 de diciembre de 2009

PAPELES INESPERADOS



Esta historia comienza cuando un hombre vestido de gris se sienta en el Pont Neuf a contemplar el amplio cielo, que ante su mirada se abre dejando caer lentamente, papeles inesperados...
...
A veces la lejanía de las cosas hace crecer en mí la necesidad de rozar el teclado inerte y desgastado por el paso del tiempo y de mi mano. Es como si una voz interior me sacudiera de cuerpo y alma para arrancar la belleza de las palabras escondidas, estampadas tímidamente en algún rincón de mi imaginario cofre interior.

Entonces ellas aparecen agolpándose unas a otras, tejiendo un sin fin de momentos inacabados, fragmentos de días claros sucediendo como una brisa de mar que cambia los rostros de quienes están dispuestos a sentir.
Me llegan todo tipo de imágenes, brotando por los poros cansados de generar tantas vidas en un instante. Sin embargo hay un gesto, una expresión en particular que se sobrepone a este mar de rostros…

Vestido de gris como intentando combinar con un otoño Parisino se deja llevar por sus largas piernas y su mirada de cronopio juguetón. Recorre el Pont Neuf de principio a fin y se entrega a él dejándose caer en uno de sus bancos. Tan solo contempla el cielo con sus ojitos pequeños y profundos. Roza una mano sobre la otra, acariciándose lenta y pausadamente. Sonríe tímidamente creando una atmósfera cálida a su alrededor.

Dicen que se llama Julio, vivió 35 años en París sin dejar de sentirse más cerca de Buenos Aires que de la tierra que día a día pisaban sus enormes pies… Supo crearse una vida a su justa medida, de juegos, palabras, papeles desordenados, discos de jazz, aperitivos y una gran nube de humo que le impedía ver con suficiente claridad el contorno del día. Era un bohemio que amaba ver pasar las horas sentado en un bar garabateando historias de cronopios y de famas mientras recibía a sus amigos con una copa en la mano y un cigarro en el cenicero… Su vida de cuentos ingeniosos e inauditos hacía de él una persona diferente, increíblemente atractiva e inverosímil.

A veces tengo la sensación de que el tiempo no transcurre en algunos aspectos, que veinticinco años de su desaparición no son nada ante la enorme y bella obra que nos ha entregado. Miro el Pont Neuf y aun lo veo sentado mirando el cielo, conectando con la clara luminosidad de lo creativo. Entonces llueven folios escritos por él de diversos estilos, formas y colores. Garabatos estilizados llegan desde esa conexión y yo simplemente me inspiro a jugar un rato con las palabras, a confiar en sus recorridos dejándome fluir en cada trazo. Me dejo contagiar por la magia de lo inesperado. Navego sin rumbo por el océano de mi vida inventando historias celestes que reflejen de algún modo la fabulosa fantasía de vivir sin miedo, sin límites, sin tiempo…



Esta historia termina cuando el torbellino de palabras deja de danzar en mi cuerpo. Cuando la imagen de Cortazar sentado en el Pont Neuf se desdibuja ante mis ojos y se esfuma entre el sin fin de palabras que lo arropan y lo llevan a otra dimensión. Cuando mis dedos se aquietan y se reservan la oportunidad de revivir la bella sensación de danzar entre las teclas…

moniJi :)